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¿Cuántas veces un/a cristiano/a puede faltar al culto?

En el Evangelio Lucas, capítulo 13, versos 10 al 17, hay un pasaje muy bonito que habla de la curación de una mujer enferma. Jesús estaba en la sinagoga. Él allí ve a una mujer que caminaba encorvada, no podía enderezarse. Las personas decían que se trataba de una mujer poseída por algún demonio, que tenía un espíritu malo y por eso no podía enderezarse. Había ya dieciocho años que caminaba así. Jesús mira a esa mujer y pide a sus discípulos que la llamen porque él tiene el deseo de sanarla. Luego pone sus manos sobre ella y acontece la curación. De inmediato la mujer se endereza, camina libremente, queda libre de su mal y comienza a dar gloria a Dios. ¡Qué bonita historia!

Pero la historia no termina allí. El principal de la sinagoga se molesta, diciendo que eso no puede ser así. Él se molesta con la actitud de Jesús de haber curado a esa mujer, porque es día sábado. Y según el tercer mandamiento en el sábado no se pueden hacer esas cosas. Está bién que Que Jesús la curara en otro día, pero no en un sábado. El sábado es nada más que para rendir culto a Dios.

Una vez le preguntaron a Martín Lutero "¿Cuántas veces un cristiano/a puede faltar al culto? ¿Hay que ir al culto todos los domingos?". Martín Lutero respondió diciendo que en principio sí hay que ir al culto todos los domingos. Porue el domingo es el día para reunirse en comunidad y dar gloria a Dios. Pero, si en el camino hacia el culto tu encuentras a una persona que necesita de tu ayuda, y tienes que elegir entre ayudar a esa persona y participar en el culto, entonces debes ayudar a esa persona y dejar el culto en la iglesia para otro momento. Porque ayudando a esa persona, Dios te está proporcionando la oportunidad de rendirle culto de otra manera. Por medio del servicio y del amor al prójimo.

El rendir culto a Dios tiene que ver con solidaridad. La fe en Jesús tiene que ver con acción. Dios a veces quiere ver como anda nuestro testimonio concreto de su mensaje de amor. Quiere saber si somos capaces de vivir la solidaridad, como él tanto nos ha enseñado en Jesucristo. Luego vayamos al culto en la iglesia, y hablemos del motivo de nuestra ausencia, y demos testimonio de cómo Dios nos necesitó en otro momento.

Querido Dios, tu alegría es ver a las personas con salud, viviendo en paz y armonía. Pero a veces las personas necesitan de la ayuda de nosotros para recuperar esas cosas en sus vidas. Ayúdanos a estar siempre dispuestos a servir. Enséñanos que cuando ayudamos a una persona en su dificultad estamos aumentando el número de personas que habrán de darte gloria por la solidaridad que recibieron. Haz de nosotros/as instrumentos de tu paz. Por Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. Amén

P. Nilton Giese

 
 
 

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